La anomalía de Peters es un defecto congénito en el desarrollo embrionario del segmento anterior del globo ocular en la que los pacientes nacen con una opacidad central en la córnea. La anomalía de Peters consiste en un error congénito en el desarrollo del globo ocular que ocurre entre las semanas 10 a 16 de gestación. Puede afectar uno o ambos ojos, y no suele ser posible detectarla mediante diagnóstico prenatal.

Suele presentarse de forma aislada dentro de una familia, aunque en ocasiones hay más miembros con la misma alteración. La investigación genética de la familia es importante, ya que el error genético (mutación) que la origina puede ser múltiple, es decir, que no afecta solamente a los ojos, sino que se asocia también a mutaciones de otros genes que afectan otros órganos o sistemas, como cardiopatías, sordera, dificultad en el aprendizaje, labio leporino y fisura palatina. Cuando esto ocurre, se llama Síndrome de Peters plus.

En esta anomalía, la parte central de la córnea está opaca (se ve de color blanco). El hecho de que la parte central de la córnea no sea transparente se traduce siempre en una pérdida de visión, más importante cuanto mayor sea la opacidad. Si la anomalía afecta a ambos ojos, el niño no es capaz de reconocer objetos, aunque sí suele percibir bultos y reconocer colores.

La alteración suele ser detectada por el pediatra inmediatamente tras el nacimiento, aunque el diagnóstico de anomalía de Peters lo lleva a cabo el oftalmólogo. Es importante que el diagnóstico se realice lo antes posible; en ocasiones puede ser necesario un examen oftalmológico exhaustivo bajo anestesia general. A pesar de que la opacidad central de la córnea suele mejorar espontáneamente durante los primeros meses de vida, es muy difícil predecir qué visión tendrá definitivamente el niño.

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